sábado, 9 de mayo de 2026

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Elyra: La Novia Enterrada


© Copyright 2026 Imagen propiedad de: Antonio Moreno


En los confines del reino, donde los bosques parecían susurrar plegarias antiguas y los castillos se alzaban como gigantes de piedra bajo cielos eternamente grises, vivía la joven condesa Elyra de Valdran.

Elyra era conocida en toda la región por su larga cabellera roja como fuego, su mirada verde y penetrante, y una belleza capaz de hacer callar salones enteros. Pero tras aquella apariencia delicada se ocultaba el espíritu feroz de una guerrera. Había aprendido a manejar la espada junto a su padre, el noble Conde Valdran, señor de las fortalezas del norte.

A su lado combatía siempre su amado, el caballero Rael de Rom, un hombre leal cuya armadura negra llevaba grabado el símbolo del lobo plateado. Ambos se amaban en secreto, pues Valdran deseaba casar a su hija con otro noble para fortalecer alianzas.

Sin embargo, la tragedia cayó sobre ellos como una maldición.

Un poderoso caballero llamado Lord Cedric Mornhale pidió la mano de Elyra. Era cruel, ambicioso y obsesionado con poseerla. Cuando Edric conde Valdran rechazó la propuesta, Cedric reunió mercenarios y atacó las tierras del norte para humillar a la familia.

La guerra estalló.

Durante semanas, Elyra y Rael lucharon hombro con hombro defendiendo el honor de Valdran. Se decía que la condesa cabalgaba entre flechas y fuego con una espada bañada en sangre enemiga, mientras su cabello rojo ondeaba como un estandarte infernal.

La batalla final tuvo lugar frente a las murallas de Castillo de Noctravar.

Allí, Cedric asesinó al conde Valdran atravesándole el pecho con una lanza.

Elyra vio morir a su padre en sus brazos.

Y entonces algo dentro de ella se rompió.

Consumida por la furia, tomó la espada de Rael y se enfrentó personalmente al caballero. La lucha fue brutal bajo la lluvia y el barro. Finalmente, Elyra hundió la hoja en el cuello de Cedric mientras Rael le sujetaba el brazo armado.

—Morirás sin honor —susurró ella antes de decapitarlo.

La guerra terminó, pero la oscuridad apenas comenzaba.

Poco antes de su boda con Rael, comenzaron a correr rumores de que Elyra practicaba hechicería. Los sacerdotes afirmaban que una mujer capaz de matar con tanta ferocidad no podía estar bendecida por Dios.

Una anciana acusada de bruja lanzó una profecía durante su ejecución:

—La tierra reclamará a la novia roja antes de que vista de blanco.

Días después, Elyra desapareció.

Los aldeanos aseguraron haberla visto entrando en criptas antiguas bajo el castillo. Otros dijeron que hombres encapuchados la secuestraron por órdenes de la Iglesia.

La verdad fue mucho peor.

Fue enterrada viva.

Encadenada dentro de un ataúd de hierro, bajo tierra húmeda y oscuridad absoluta, Elyra gritó durante horas mientras sus uñas sangraban intentando escapar. Nadie acudió.

Ni siquiera Rael logró encontrarla.

Cuando el aire comenzó a agotarse y la muerte se acercaba, escuchó una voz.

Una voz profunda, antigua… imposible.

—Dame tu alma, Elyra de Valdran… y tendrás tu venganza.

Desesperada, rota por el odio y el dolor, aceptó el pacto.

La tierra tembló.

La sangre volvió a correr por sus venas muertas.

Y cuando el ataúd se abrió desde dentro, ya no era humana.

Sus ojos brillaban rojos en la oscuridad.

Sus colmillos nacieron entre labios cubiertos de sangre.

La condesa Elyra regresó convertida en una vampiresa casi inmortal.

Desde entonces, los viajeros hablan de una mujer pelirroja vestida de negro que aparece en castillos abandonados y campos cubiertos de niebla. Dicen que busca a quienes traicionaron a su familia… y que cada luna roja desciende sobre aldeas enteras dejando solo cadáveres pálidos tras de sí.

Pero hay una historia aún más triste.

Porque Elyra jamás dejó de amar a Rael.

Y cada siglo vuelve al lugar donde debían casarse, esperando encontrarlo otra vez… aunque sea convertido en polvo bajo el paso del tiempo.

Fin 


Antonio Moreno


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