En una vieja abadía, donde el viento susurraba entre los muros de piedra y las campanas solo sonaban para quienes aún conservaban la esperanza, un anciano monje dejó escrita una adivinanza antes de desaparecer sin dejar rastro.
Durante siglos, nadie logró responderla con certeza.
Hoy os la entrego a vosotros, viajeros de Mi Amada Soledad.
Leed con atención...
📜 La Adivinanza
No nací del vientre,
pero puedo crecer.
No tengo sangre,
aunque puedo morir.
Habito en todos,
mas nadie puede tocarme.
Si me alimentas, ilumino tu camino;
si me abandonas, desaparezco sin hacer ruido.
¿Quién soy?
🤔 ¿Cuál es vuestra respuesta?
No miréis la solución todavía.
Escribid vuestra respuesta en los comentarios y contadme por qué creéis que es la correcta. Será un placer leer vuestras interpretaciones, porque, como ocurre con los antiguos enigmas, a veces el camino hacia la respuesta es tan interesante como la respuesta misma.
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¿Seguro que queréis conocer la solución?
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🗝️ Solución
La respuesta es: la esperanza.
No nace de un cuerpo, pero puede crecer dentro de nosotros.
No tiene sangre ni carne, pero puede morir cuando dejamos de creer.
Habita en cada ser humano, aunque nadie puede sostenerla entre las manos.
Cuando la alimentamos con nuestros actos y nuestra fe en el mañana, ilumina nuestro camino incluso en la noche más oscura.
Pero si la olvidamos o la abandonamos, se desvanece en silencio.
¿Habíais acertado?
Si os ha gustado este enigma, dejad vuestra respuesta y decidme si queréis que publique más acertijos medievales, leyendas y misterios para poner a prueba el ingenio de los viajeros de Mi Amada Soledad.

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—El guardián de estas letras