miércoles, 13 de mayo de 2026

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El Duque Negro: Guardián del Umbral


© Copyright 2026 Imagen propiedad de: Antonio Moreno

En los años oscuros posteriores a la caída de Jerusalén, cuando las cruces templarias eran perseguidas y los viejos monasterios ardían bajo guerras y herejías, existió un caballero llamado Antuan Morer. Había servido a la Orden del Temple desde su juventud, no por gloria ni riquezas, sino por una fe feroz por conservar el conocimiento que lo consumía como una llama eterna.

Decían que jamás perdió un combate, aunque él afirmaba que ninguna espada era más poderosa que la misericordia de Dios.

Antuan pasó sus últimos años custodiando caminos olvidados entre montañas y bosques del norte de Hispania. Allí escuchó rumores sobre almas condenadas que vagaban entre ruinas antiguas, espíritus incapaces de encontrar descanso por pecados, maldiciones o pactos oscuros. Mientras otros caballeros luchaban contra hombres, Antuan comenzó a luchar contra la desesperación misma.

Su muerte llegó durante una noche de invierno junto a su prometida Yaret de Albor traicionados por el Abad Leandro de Vhal.

Sin embargo, la muerte no reclamó del todo al templario.

Cuenta la leyenda que, mientras su sangre se mezclaba con la nieve, espíritus luminosos descendieron sobre él: antiguos monjes, mártires olvidados y guerreros santos cuyas almas jamás abandonaron el mundo. Le ofrecieron un pacto sagrado.

—Tu cuerpo perecerá —dijeron—, pero tu misión aún no ha terminado.

Antuan aceptó.

Desde entonces se convirtió en “El Duque Negro, Guardián del Umbral”, un espíritu vestido con armadura espectral y capa blanca desgarrada por el tiempo. Recorrió cementerios abandonados, monasterios derruidos y pueblos malditos salvando almas atrapadas en el purgatorio. Donde aparecía, las campanas sonaban solas y el aire olía a incienso y lluvia.

Tiempo después en la aldea de Valdran que pertenecía a la fortaleza de Noctravar, una criatura sedienta de sangre había sembrado terror durante décadas. Los aldeanos hablaban de una mujer pálida que aparecía bajo la luna, alimentándose de viajeros y dejando cuerpos sin vida cerca del río helado. Antuan entró solo en las criptas bajo la colina, armado únicamente con su espada, un rosario de hierro y una reliquia de la Vera Cruz.

La criatura era Elyra de Valdran.

Había sido hija de nobles años atrás, pero fue condenada al vampirismo. Durante generaciones sobrevivió entre odio y hambre, viendo cómo su alma se pudría lentamente. Cuando Antuan la encontró, esperaba otro cazador dispuesto a destruirla.

Pero el templario vio algo distinto.

Vio dolor.

La batalla duró hasta el amanecer en aquel aposento. Elyra atravesó el pecho del caballero con sus garras, y Antuan clavó su espada bendita en el corazón de la vampiresa. Ambos cayeron al mismo tiempo sobre las piedras frías de la cripta.

Cuando el alma de la vampiresa abandonó su cuerpo corrupto, no ascendió ni cayó al abismo. Permaneció atrapada entre sombras, atormentada por siglos de sangre derramada. Antuan luchó durante noches enteras contra espectros infernales que reclamaban su condena.

Y finalmente la liberó.

La condujo a una pequeña ermita escondida entre montañas cubiertas de niebla: la Ermita de Santa Elyra. Nadie sabía quién la había construido. Era un santuario humilde, con muros de piedra cubiertos de musgo y vitrales que brillaban azul bajo la luna.

Allí, Antuan ya convertido en El Duque negro, depositó el alma purificada de Elyra.


© Copyright 2026 Imagen propiedad de: Antonio Moreno

Las crónicas dicen que, en ese instante, la antigua vampiresa recuperó su verdadero rostro humano y lloró por primera vez en siglos. Antes de desaparecer en la luz, tomó las manos espectrales del templario y susurró:

—Ningún monstruo está perdido mientras alguien rece por él.

Desde entonces, peregrinos y viajeros aseguran que la Ermita de Santa Elyra posee un milagro extraño: aquellos consumidos por culpa, odio o desesperanza sienten paz al cruzar sus puertas.

Y algunas noches, cuando la niebla cubre el valle, dos figuras pueden verse junto al campanario.

Un caballero templario de luz plateada.

Y una mujer de ojos tristes vestida de rojo.

Protegiendo las almas que aún buscan el camino hacia la eternidad.

Fin


Antonio Moreno


1 comentario :

  1. Elyra de Valdran creo que es mi personaje favorito, su historia me parece triste y fascinante a la vez... gracias.

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