miércoles, 15 de abril de 2026

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El templario y el hombre sin suerte: Confusos y sin respuestas (Capítulo 7)


© Copyright 2026 Imagen propiedad de: Antonio Moreno

Capítulo 7: Confusos y sin respuestas


El sol no consiguió calentarles.

No del todo.

Salieron de la abertura como si escaparan de algo que aún podía alcanzarlos, aunque ya no hubiera sombras, ni templarios, ni muros que respiraran. Solo piedra. Solo historia.

Solo silencio.

Durante unos segundos, ninguno dijo nada.

Mateo fue el primero en apartarse.

—Ha sido… —empezó, pero no encontró la palabra.

—Inútil —terminó Gala por él.

La palabra cayó entre los dos como una losa.

Mateo la miró, sorprendido.

—¿Inútil?

—¿Qué hemos conseguido? —replicó ella, con un tono más cortante de lo habitual—. Casi morimos, no hemos encontrado ninguna pista real, y lo único que tenemos es… —señaló el medallón— esto, que cada vez entiendo menos.

Mateo apretó la mandíbula.

—Nos salvó.

—No —negó Gala—. Nos ayudaron. Lo que sea que fuera ese templario. No el medallón. No nosotros.

Eso dolió más de lo que Mateo esperaba.

—Entonces, ¿para qué hemos venido a la Alcazaba de Almería, y desde Tabernas?

—Esa es exactamente la pregunta.

El viento sopló mientras ambos se alejaban de las antiguas murallas almerienses.

Ya no sonaba misterioso.

Sonaba vacío.

Gala dio un paso atrás.

Luego otro.

Como si, de pronto, la distancia fuera necesaria.

—Creo que esto ha sido un error.

Mateo sintió algo tensarse en el pecho.

—¿Todo?

—Sí. Todo.

Silencio.

Un silencio incómodo. Frágil.

Mateo bajó la mirada un instante… y cuando volvió a levantarla, Gala estaba más cerca.

No sabía en qué momento se había acercado.

Ni por qué.

Gala

Ella tampoco parecía tener claro qué estaba pasando.

Solo lo miraba.

Demasiado cerca.

Demasiado intenso.

Esto no tiene sentido —murmuró ella.

—Nada lo tiene últimamente.

Y entonces ocurrió.

Sin aviso.

Sin decisión.

Como si algo dentro de ambos, agotado de pensar, tomara el control.

Se besaron.

No fue suave.

No fue dudoso.

Fue directo.

Urgente.

Como si necesitaran comprobar que, al menos eso, era real.

Las manos de Mateo encontraron el rostro de Gala. Las de ella se aferraron a su camiseta. El mundo desapareció durante unos segundos que parecieron demasiado cortos y demasiado largos al mismo tiempo.

Pero igual que empezó…

Terminó.

De golpe.

Se separaron como si algo los hubiera empujado.

Respirando rápido.

Mirándose.

Y entonces…

La confusión se convirtió en otra cosa.

—¿Qué ha sido eso? —dijo Gala, frunciendo el ceño.

Mateo negó, todavía descolocado.

—No lo sé…

—No —insistió ella, dando un paso atrás—. Esto no… no tiene nada que ver con lo que estamos haciendo.

El tono ya no era suave.

Era defensivo.

Casi enfadado.

Mateo sintió cómo la frustración le subía de golpe.

—Tú también lo has hecho.

—Sí, pero eso no significa que esté bien.

—¿Ah, no?

No, Mateo.

Otra pausa.

Más dura esta vez.

Más incómoda.

—Esto lo complica todo —añadió ella.

Mateo soltó una risa seca.

—¿Más?

Gala negó con la cabeza, como si quisiera sacarse algo de encima.

Necesito pensar.

Perfecto —respondió él, más frío de lo que pretendía—. Yo también.

Se miraron un último segundo.

No había ternura ahora.

Ni complicidad.

Solo una mezcla de enfado, confusión… y algo que ninguno quería nombrar.

Gala fue la primera en girarse.

—Nos vemos.

No era una promesa.

Mateo no respondió.

Se dio la vuelta en dirección contraria.

Cada uno alejándose del otro.

Paso a paso.

Sin mirar atrás.

La Alcazaba quedó a sus espaldas.

Imponente.

Silenciosa.

Observando.

Como si supiera algo que ellos aún no entendían.

Como si esperara.

Porque, aunque ellos no lo supieran todavía…

Aquello no había sido una pérdida de tiempo.

Solo había sido…

el principio.

Esa noche, ninguno de los dos durmió.

Y bajo la piedra antigua de la Alcazaba…

algo volvió a latir.

Más fuerte que antes.

Continuará…


1 comentario :

  1. Muy noble y gentil lectora,
    Recibid mi más sincero agradecimiento por vuestras palabras en los capítulos pasados, que han sido para mí como bálsamo y aliento en esta humilde empresa. Vuestra atención y fineza honran estas letras más de lo que merecen.
    Sepades asimismo que ya ha visto la luz el séptimo capítulo de esta historia, presto a ser leído por ojos tan sagaces como los vuestros. Confío en que halle en él deleite y ocasión de nuevos pareceres.
    Quedad con Dios, y no ceséis en vuestro buen juicio y merced.
    Vuestro servidor.

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